Los inicios del branded content

Los que sois más asiduos a este blog, y también al de nuestro CEO y fundador Luis de Val, sabéis cómo nos gusta poner datos de informes para empezar a desarrollar nuestros post. Hoy empezamos con el siguiente dato; según un informe de Barlovento Comunicación con datos de Kantar y Comscore realizado el pasado mes de marzo, en España los mayores de 18 años consumen un promedio de 332 minutos al día de contenidos audiovisuales.

De estas más de cinco horas y media, las personas de 18 a 24 años destinan el 42,5% de este tiempo a la televisión tradicional mientras que el 34,8% va directamente a YouTube. El porcentaje restante va a otras plataformas.

Cómo os podéis imaginar, estos datos cambian un poco -mucho- si se analiza el perfil de 25 a 44 años. En esta franja el 59% consume televisión, YouTube concentra el 19,7%. Las otras plataformas se reparten el 21,3%.

Tampoco nos hagamos los sorprendidos por estos datos. En artículos anteriores ya os contamos que la Generación Z (16 a 24 años) es la más digital de todas, mientras que la millenial (25 a 40 años) va aumentando progresivamente el consumo. El dato que hemos puesto sobre la mesa es para hablaros del branded content y sus orígenes, puesto que no es algo surgido de las redes sociales, ya podemos encontrar ejemplos en los años 1930.

La gran diferencia, y evidente, entre nuestros tiempos y los que fueron el origen de este tipo de publicidad reside en que ahora el branded content es una estrategia de contenidos que permite hacer un impacto detallado nunca visto hasta ahora. Invertir por un creador de contenido es hacerlo también por sus seguidores y el ecosistema que lo acompaña. Es un ejercicio de coherencia entre la marca y el perfil del creador. Con la exigencia, además, de mantener la naturalidad en todos los perfiles sociales y lograr transmitir los valores del producto para generar la notoriedad y la afinidad que se quieren conseguir.

Esto, hace casi cien años, no era así. No queremos decir que fuera mejor o peor, más o menos exigente. Para nada, cada tiempo tiene sus complejidades. Pero es cierto que productos como las espinacas que salían en Popeye, patrocinadas por los productores de espinacas de Estados Unidos, no requerían un estudio tan exhaustivo como los que se hacen ahora y se podían ver cosas tan incomprensibles, ahora en nuestros tiempos, como que en Los Picapiedra, en los años 1970, se fumaran cigarrillos Winston.

Hoy el mercado está regulado y no permite casos como el de la serie de animación. Pero es interesante ver como aquello que parece ser casi de nuestros tiempos es, en realidad, una evolución de los primeros pasos que se dieron hace casi cien años.

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